Cómo vivir cada día como si fuera el último (¿Qué necesito? Parte II)

Hace 5 años participé de un accidente aparatoso en un carro ajeno. Todos los años a partir de entonces celebro, me remonto a esa noche y pienso “pude haber muerto”. Mi amiga Charo dice que con los avances en la tecnología de autos era muy poco probable que muriera. Pero esa noche estuve más cerca de la muerte que otras veces.

Cuando me pregunto qué quiero en la vida mi primera respuesta es “vivir”. Si me pregunto qué necesito, me contesto “todo lo necesario para vivir”. Esas respuestas no son tan efectivas ahora como me parecían antes. Hace unas semanas escribí que este deseo de verificar lo que quiero y necesito comenzó con comunicar. Durante mi época de descubrir el cáncer, me propuse comunicar y dejar de callar. Decir lo que quiero y lo que no. Expresar lo que siento. En fin, hablar en vez de silenciar, porque callar es lo más fácil para mí. Pero no lo he hecho tan efectivamente como me lo prometí.

Quizás por eso la pregunta de lo que necesito fue tan reveladora y me dejó en silencio. Aunque sencilla, tuve que sentarme a considerarla. Es fácil vivir automáticamente: levantarme, recoger mi casa, ir al trabajo, ver televisión. Vivir en automático es una zona cómoda que solo requiere mantenimiento y pretender que nada cambia o evoluciona. Pero vivir desde un punto de comprensión de lo que necesito y deseo requiere voluntad e interrupción. Requiere inconformidad con la zona de comodidad.

Decidí tomar acción en tres pasos:

  1. Todos los días dedico media hora en la mañana a reflexionar sobre lo que quiero y cómo me siento con respecto a mis deseos y necesidades.
  2. Escribo un poco sobre lo que me limita y cómo puedo superarlo. He descubierto creencias limitantes que no sabía que tenía.
  3. Traigo a mi consciente esas limitaciones que descubro para ver cómo manejarlas o simplemente observarlas. Luego de escandalizarme por reconocerlas, el alivio que surge provoca paz en mi corazón.

Ese proceso me apoya a vivir cada día de una mejor manera, un poco más despierta. Aunque quizás no como si fuera el último día.  Me parece que hay que tener un desespero genuino que solo se logra si de verdad supiera que es el último día o luego de un accidente aparatoso en el que se pueda apreciar detalladamente la fragilidad de la vida. Sin embargo, no hay que esperar al desespero o a lo aparatoso para vivir tu mejor momento ahora. Puedes vivirlo si te dedicas el tiempo para reconocer lo que necesitas y deseas.

¿Qué necesitas?

“¿Qué necesito?”

Hace unos días tuve una sesión con una coach de meditación que me dejó patidifusa. Luego de llevar 20 minutos conversando, me preguntó que cuáles eran mis necesidades. Pregunta sencilla. Me detuve y pensé sobre lo que considero mis necesidades y mi diálogo interno respondió “no necesitas nada”. Pero mi cuerpo se rebeló ante la lenta comprensión de que sí deseo y necesito, más allá del consabido “quiero ser feliz”. No pude contestarle a Sarah.

Todo comenzó con mi deseo de ser una mejor comunicadora. Hablar no es cuestión de abrir la boca y ser “auténtica” diciendo todo lo que se me viene a la mente, porque soy así, “honesta y sincera” siempre. Eso demuestra no tener sentido de empatía hacia otros y no me funciona. Mi opinión de los demás tiene que ver conmigo. Comunicar requiere comprensión interna, locuacidad propia, mirar con el corazón primero. Requiere escuchar, intimar, meditar. Procesar y reflexionar. Requiere voluntad. Puede ser por unos segundos o por toda una vida. Requiere decidir comunicar lo importante, como tus deseos y necesidades.

Comunicar va más allá de hablar. Requiere entender para hacerme entender. Sí, ya sé que cada cual interpreta como desea y como está alambrado; pero podemos lograr entendimiento mutuo si observamos el individual. Entenderme, internamente, es el comienzo para conectar, que es lo que deseamos al final: establecer una conexión efectiva con quienes nos relacionamos. ¿Cómo comunicas? ¿Para qué comunicas? ¿Deseas expresar lo que sientes o manipular a otros? ¿Persuadir o engañar? ¿Conoces el propósito de lo que comunicas? La contestación a estas preguntas es para ti, la honestidad aquí es interna. Es fácil mentir a otros; quizás necesario en algunos casos. Sin embargo, tener integridad personal al momento de contestar cualquiera de esas preguntas requiere interrumpir los pensamientos desbocados y las creencias limitantes ubicadas en tu mente. Reconocer lo que procesa tu interior y luego expresarlo de manera efectiva y entendible (si es necesario comunicarlo) es un asunto individual y podemos aprenderlo. Hacerlo es beneficioso para el resto de la humanidad.

¡No me comprenden cuando hablo!

¿Alguna vez has dicho algo claramente solo para darte cuenta de que tu oyente entendió otra cosa? Eso me ha pasado varias veces, por no decir la mayoría del tiempo. Pero en estos días de Mercurio retrógrado me ha sucedido más (y lo que falta: hasta el 20 de febrero). Estas oportunidades me sirven para analizar qué estoy comunicando y cómo, para tomar medidas cautelares que beneficien al receptor de mi mensaje. Estas oportunidades me permiten interrumpir mis comunicaciones desbocadas y permanecer en presencia para detenerme antes de hablar. Estas oportunidades son ideales para analizar mi estilo de comunicación y comprender si es posible mejorarlo.

Nuestro sistema de comunicación es el más complejo de todas las demás especies que podemos encontrarnos en el camino. Comunicamos con la palabra, con el cuerpo y con lo que hacemos. Generamos una cantidad de información diaria por persona, por grupos y por comunidades que es difícil para cualquiera sortear tantas letras y sus combinaciones para poder comprenderlas. (Por eso la invención de inteligencia artificial ha venido a apoyar con el manejo de información – entre otras cosas). Bastará una visita a una biblioteca o una librería (si recuerdan la vida antes de Google) para tener un atisbo de lo que puede ser una acumulación de información organizada. Para ejemplos de acumulación desorganizada, basta mirar mis libreros con numerosos libros y folletos y libretas y qué sé yo cuántas cosas más.

Podría pensar que con tanta información disponible al estirar la mano, mi dominio al comunicar sería impecable. Pero los ejemplos que di al inicio de este escrito son prueba de que lo que pienso y los resultados son dos cosas diferentes. Es frustrante tener este tipo de habilidad para hablar y escribir y amar, ¡y que los demás no me entiendan! Pero la calma tiene oportunidad de reinar al reflexionar – aleluya. Me percaté de las herramientas que utilizo en esos momentos y me alivié.

Primero, en momentos de incomprensión externa (cuando mi oyente no capice) respiro y me detengo. Nunca he sido de las personas que dispara de la baqueta. Mis pensamientos tienen que ver conmigo y, como las palabras no se las lleva el viento, escojo lo que digo para que sea lo más efectivo que pueda decir – según yo.

Segundo, en voz alta me cuestiono y analizo lo que dije. Aunque puede sonar que es una pregunta para quien que me escucha, realmente es una interrupción para que viaje por mis oídos hasta mi cerebro. Esto me permite detener mis pensamientos y estar en el momento presente para evaluar lo dicho desde el “ahora”.

Tercero, le pregunto a mi oyente qué fue lo que entendió del mensaje que expresé originalmente. Así como yo interpreto el mundo y lo que me sucede desde mi perspectiva, ¿saben qué? ¡Cada una de las personas con las que interactuamos hace lo mismo! Por lo tanto, ante la duda saludo y pregunto. Esto es particularmente difícil para una persona que cree saber cómo comunicar y que en efecto sabe todas las cosas del mundo y sus siete billones de habitantes y que me hago entender y que todos entienden – yo.

Dejo el sarcasmo a un lado (difícil) y me río (fácil) al comprender que puedo utilizar nuevas herramientas para interactuar con el mundo. Que todos los días traen nuevas oportunidades para probar nuestras creencias y teorías.  Que siempre puedo escoger una manera diferente de comunicar mi mensaje.

Si te has sentido incomprendida alguna vez en tu vida, cuéntame en los comentarios. Espero poder apoyarte a utilizar tu voz para ser una mejor comunicadora. ¡Unidas podremos salvar al mundo de la incomprensión! Bueno, quizás a unos pocos. La comprensión hay que desearla…