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¿Qué hago si el miedo se acomodó a mi lado?

Cuentan de un sabio que una noche, mientras meditaba, vio cómo se acercaba el fantasma de la Varicela a su aldea. Alarmado, le pidió al fantasma que se alejara. El sabio le rezaba a su Dios y no era justo que los aldeanos murieran por causa de la varicela. El fantasma negoció: tengo que llevarme a tres de ellos para cumplir con mi trabajo. El sabio, resignado, aceptó. Los primeros días murieron tres personas. A la semana murieron cinco más y cada día seguían muriendo hasta que los pocos que quedaron vivos salieron corriendo de la aldea y desaparecieron. El sabio meditó profundamente e invocó al fantasma para recriminarle. -Me engañaste,- le dijo cuando apareció. El fantasma, ofendido, le contestó: -¡Yo cumplí mi palabra! Solo me llevé a tres. Los demás se murieron de miedo.-  

Anoche encontré esta historia y me pregunté:

  • ¿Cuántas veces he muerto de miedo en mi vida?
  • Procrastinar, ¿me apoya a vivir una vida más plena? ¿O me hace morir de miedo un poco cada vez?
  • ¿Estoy dispuesta a vivir con miedo y a hacer las paces con él?

Reflexioné durante la noche que mientras permito que el miedo dicte mis acciones, siento que no aprovecho mi vida. Y vida desaprovechada es muerte.

Cada vez que evado ser honesta con misma, por miedo, es una oportunidad perdida a vivir desde un lugar de integridad y es difícil encontrar paz en esa evasión.

Postergar rima con matar y eso es lo que hago cada vez que dejo para después acciones dirigidas a atraer mis sueños a la dimensión de este planeta.

El miedo no se fue porque haya reflexionado en él y sus efectos en mí. Ahora sentada lo siento acomodadito a mi izquierda. Me pregunto si debo convivir con él o si debo invitarlo, suavemente, a que se separe un poco de mí mientras yo inyecto vida a mi existencia y a mis sueños…

¡Cumpleaños feliz!

El 20 de enero fue mi cumpleaños. Ese día tomé vacaciones de mi trabajo. Cuando cae entre lunes a viernes, siempre trabajo para que me lo celebren. Pero a pesar del cautiverio y de lo mucho que me he quedado en casa en el último año, decidí tomar el día para mí. Mi propósito principal era escribir varios episodios de mi blog (para tener adelantados), dedicar tiempo a proyectos personales que me apoyarán a servir a mis clientes y escuchar mi lectura del árbol de la vida por una cabalista española que me había recomendado una amiga. Más tarde una cena y luego una reunión virtual. Sencillo y organizado.

Las felicitaciones comenzaron el 19 de enero, por amigas que querían adelantarse al ataponamiento de felicitaciones en Facebook. Como era mi cumpleaños decidí salir a comprar café y dar una vuelta mañanera con ese único propósito y en presencia. Más felicitaciones. Llamadas, textos y mensajes de voz. Varias conversaciones. Hasta Paul McCartney me cantó Happy Birthday. ¡En la mañana nada más! De almuerzo, Sofía y yo salimos a comer sushi para celebrar y la pasamos de maravilla, conversando y riendo.

Ya en casa retomé los planes, pero continuaron las llamadas y las invitaciones. Cuando llegó el momento de la lectura del árbol de mi vida estaba más que preparada y fue una experiencia iluminadora. Quizás porque al ser el día de mi cumpleaños estaba tan receptiva y agradecida. Luego me fui al Viejo San Juan a continuar festejando. Una cena entre estrellas… El cierre de mi día fue participar en una reunión virtual de Toastmasters que contó con la visita del Presidente de Toastmasters International. Gracias a mi amigo Cristóbal, durante la reunión recibí más felicitaciones, esta vez internacionales.

Te preguntarás: ¿Marinés qué tuvo de especial tu día? Te contestaré: La magia del amor. Tengo muchos familiares y amigos que me aman y me hicieron sentir querida ese día. Mis amigas escribieron mensajes de felicitación que me hicieron llorar y sanar por sus palabras poéticas y alegres. Recibí flores sorpresa de parte de una persona amada. ¡Recibí regalos y palabras! Todo esto me mantuvo reflexiva y presente en mi día. Pienso que en estos tiempos de pandemia las personas nos hemos acercado más de maneras diversas y por eso tantos respondieron a mi día de cumpleaños. Mi día fue glorioso gracias a todos los que me amaron y doy gracias por tener personas tan maravillosas en esta vida. Por todo esto, ¡deseo vivir cada día como si fuera mi cumpleaños!

El tedio en nuestros tiempos tiene solución

¿Alguna vez te has sentido perdida y desganada? Yo, muchas veces. En esos períodos a duras penas me levanto de la cama. Me paso del cuarto al sofá, luego a la butaca y regreso al cuarto. ¡Con dolor de espalda! Porque tanto mantenerme tirada, desconchunfla los huesos que cargo. A veces es bueno rendirse al cansancio para recargar baterías. Pero estar todo el tiempo así, me cansa más que trabajar todo el día con clientes.

Recuerdo las palabras de una de mis mentoras: Ríndete y confía en tu proceso; pero busca información, compréndela y actúa a base de lo que estés viviendo en cada momento. Eso me lo dijo mi Voz interna y lo puse en práctica cuando me dijeron que tenía cáncer de tiroides. Utilicé esos tres pasos para no volverme nuclear y explotar de la incertidumbre.

En el caso del cáncer de tiroides, me senté a leer lo que era, qué lo provocaba y cuáles eran los tratamientos viables. Luego con mi médico, intenté comprender si era necesaria la cirugía y el tratamiento posterior que debía recibir para asegurarme de estar saludable. Por último, decidí someterme a las recomendaciones más efectivas. En resumen, tomé una decisión a base de la información adquirida y comprendida.

Este método he podido utilizarlo, de una manera u otra, en distintas situaciones de vida. Pero no siempre con resultados inequívocos y prístinos. A veces me quedo en la fase de adquirir información; otras comprendo, pero no actúo. Pero siempre aprendo una lección importante que me lleva a vivir de manera más satisfactoria. Muchas veces me he sentido perdida, pero con estos simples pasos puedo encausar mi tránsito por la vida para disfrutar plenamente todo lo que encuentro en mi travesía. Y si no, siempre puedo volcarme a actuar únicamente, moviéndome del cuarto al sofá…

Pandemia y curiosidades ahora

La semana pasada, mientras lavaba ropa, tuve un momento de Gozo Absoluto. Estuve en el ahora. Estuve presente en mi vida, presente en el momento, con lo que hacía. Cuando comprendí y traté de agarrarme al momento, ya había pasado. Aunque podría pensar que no he desarrollado la concentración necesaria para estar ahí prolongadamente, prefiero reconocer que vi ese Gozo y podría reconocerlo cuando vuelva. En contraste, a veces paso días en mi trabajo desenfocada, con el deseo de estar en otro lado, porque no estoy en el presente.

Un amigo me confesó que un día, mientras fregaba los platos en su casa, se cuestionó: ¿es esto todo lo que tiene la vida para ofrecer? Al tiempo se divorció. Si tuvo conexión una cosa con la otra, no sé. Pero ahora me cuestiono mi momento de Gozo…

La vida pasa por nosotros inexorablemente. El tiempo nos permite verla en distintas velocidades dependiendo del enfoque que tengamos. Si nos enfocamos en el pasado, estamos viviendo un tiempo quemado, en cámara lenta y circular; si nos enfocamos en el futuro, vivimos una línea aun inexistente y acelerada. El ahora nos permite ver lo que está ocurriendo y observarlo de manera inmediata, en tiempo real.  

Mi vida se compone de momentos mundanos y esotéricos, de curiosidades y frivolidades. Pero si no estoy presente me pasarán sin saber que pasaron. Quizás me aterroriza pensar que viva un momento difícil y lo sufra en el presente, pero si lo vivo y lo observo en el momento que ocurra, ¡será más llevadero que vivir en la angustia y ansiedad de los otros dos tiempos!

En estos días donde todavía vemos pandemia en todo lo que vivimos, vale el esfuerzo vivir desde el ahora, aunque no sepamos lo que haya al otro lado. Al final, no tenemos que saberlo. Tenemos que vivirlo.

¿Qué tal si me mantuviera silenciosa en un momento único de la historia?

A veces pienso que es más fácil seguir callada. Ya lo decía mi profesor de español de escuela superior: es más fácil seguir de largo cuando ves a alguien varado en el paseo de la autopista…

Estamos en momentos más históricos que de costumbre. El mundo está alborotado. La pandemia nos ha consumido. Nos hemos visto obligadas a suspender operaciones por un tiempo. Hay unas personas que dicen que si no aprovechas este tiempo no crecerás. El libreto del miedo es lo que ha imperado en otras. Para mí, estos momentos han sido difíciles por la aglomeración de situaciones que hemos presenciado. Quizás por eso vino la cuarentena, para que no viéramos la avalancha de sucesos que vendría de todas direcciones.

En mi caso el silencio es parte de mí. Evado el conflicto, porque por muchos años no supe cómo lidiar con él. Mi necesidad de que me aceptaran y el no poder expresarme cabalmente en situaciones emocionales, me llevó a silenciarme y a enfermarme. Si la tiroides que me removieron pudiera hablar tendría muchas historias que contar. Pero el peor silencio es guardar las emociones que me sobrecogían, ocultarlas por no saber qué hacer con ellas. Ese silencio es forzado, es una mentira, porque lo situacional no se reconoce, sino que se esconde. No hay la integridad de observar lo que ocurre en el momento que ocurre y aceptarlo, que es lo más sencillo. Porque evadirlo tiene consecuencias sombrías y, muchas veces, nefastas.

Todos tenemos un lado oscuro. En él depositamos lo que no deseamos ver, lo  ilegal, lo depravado, lo infantil de nuestra personalidad. Lo hacemos para que no nos juzguen como anomalías o como inadaptadas. Si tenemos reacciones violentas las ocultamos para no parecer desajustadas. Si tenemos algún asomo de discriminación lo negamos para que no digan que somos racistas. Si no nos gustan los niños lo disimulamos, porque ¿a quién no le gustan los niños?

Hace muchos años leí casi todo lo que había publicado Neale Donald Walsh hasta ese momento. En uno de sus tantos libros tenía una conversación con uno de sus amigos (de este mundo, no Dios) y hablaban sobre la honestidad. Su amigo decía que había que ser honesto aunque se fuera malcriao’ y Neale destacaba la importancia de ser honestos y expresivos desde un lugar de amor y no de la vaqueta. Aunque estoy plenamente de acuerdo con Neale, lo importante es la expresión y aceptación de mis reacciones y sentimientos para que permanezcan en la luz y no involucionen en mi lado oscuro. Creo en la importancia de primero reconocer lo que siento y necesito; y que expresarlo dará comienzo a conversaciones interesantes dirigidas a fortalecer o transformar mis creencias o diferencias. Me faltaría integridad si no reconociera ni aceptara mis temores, creencias y deseos.

Hoy te invito (si quieres, si deseas, si te funciona) a que observes cuán honesta eres contigo, cuántas veces callas y cuándo te atreves a expresar. Eres luz, electricidad, energía. Toma tu luz y arrójala sobre todo lo que tienes y lo que llevas. ¡Hasta sobre tu lado oscuro! Conviértete en la persona que deseas que otros sean, sé el cambio que quieres ver en otros. Todo empieza por ti.

El amor y el miedo tienen voces, ¿cuál de las dos deseas escuchar?

El compromiso de un coach es apoyarte a encontrar soluciones aunque no tenga todas las respuestas. Cuando el trabajo de una coach es efectivo, tú como cliente descubres que la respuesta está dentro de ti. Pero sola no hubieras podido encontrarla, porque muchas veces tus pensamientos limitantes o tus creencias erróneas te llevan por el Camino de No Continuar, o como yo le llamo: el Camino de la Amargura.

Cuando tu voz interna está alineada con el ego y sus miedos, nada de lo que oigas será para tu beneficio y será imposible escuchar la Voz de tu Sabiduría interna. Todas tenemos ambas, pero la primera te habla del tiempo tictac, como decía Stuart Wilde, y de lo poco que puedes hacer; y la Voz te dice que sí puedes y que hay posibilidades. La voz habla de limitaciones; y la Voz te habla de expansión e inspiración.

Durante mucho tiempo escuché la voz del miedo. Ese ruido interno hacía difícil que pudiera oír la Voz verdadera. Poco a poco descubrí que yo también tenía una Voz. Se me reveló al hablarles a otras personas. Solo la escuchaba para otras. La empatía, el amor y la compasión que sentía por otros, era la Voz la que los expresaba. Pero no me hablaba a mí, solo se comunicaba con las personas fuera de mí.

Un día escuché una pregunta poderosa: ¿Qué tal si le hablaras a una amiga de la manera que te hablas a ti misma? Y como por arte de magia me di cuenta que jamás les hablaría a mis amigas como me hablaba a mí misma. Comprendí el valor de tratarme como una amiga y comencé a escuchar la Voz dirigiéndose a mí, inspirándome y amándome. Me convertí en mi propia coach.

Te invito a que te preguntes cómo te diriges a ti, cómo te hablas y cómo piensas de ti. Si no eres amigable y amorosa contigo, quizás es tiempo de que comiences para que puedas escuchar la Voz de tu Sabiduría interna.

We are not that different

Today at 5 p.m. I decided to take a walk. Lately I have been exercising for 30 minutes, just to relax during this captivity period. I know, an hour is best; but 30 is better than nothing. To my surprise, my daughter Sofi came along, and we had a grand time even with social distancing measures. The day was sunny, windy, beautiful.

One of our neighbors had Sting’s “Dessert Rose” song full blast while exercising in her stationary bike. And Sofi asked me: “Is that Sting?” “Oh, you recognized him?” – I answered.

She replied: “Yes. But my favorite song of his is Ghost Story.” And we both started singing it on our way back.

Now I have it like a worm in my mind, and instead of washing my hands to the tune of Happy Birthday, I use some of Ghost Story’s lyrics:

“And all these differences

A cloak I borrowed

We kept our distances

Why should it follow

I must have loved you?”

– Ghost Story, by Sting

Sofi has the voice of an angel.

En el medio

Cuento de 99 palabras (Reto de Editorial Narra, 17/3/2020)

Bajé la escalera con cuidado. Paso a paso, me acercaba al fondo donde encontraría lo que buscaba. El silencio ocupaba gran parte del espacio y lo único que se escuchaba era el taca-taca de mis zapatos. Me detuve en el último escalón. Tres pasos más me dejaron ver lo que ocurría. Poca luz. Silencio. Perfume desconocido. Algún aroma familiar. Un espaldar rojo contra una superficie oscura. En el medio de la recámara, algo me aguantó. El nerviosismo que sentí me inutilizó las manos. Ya no podría agarrar nuevamente ese vaso que contenía el líquido preciado de los dioses: whisky.

La procrastinación resucita como Jesucristo.

En uno de mis episodios anteriores, escribí sobre lo que significaba para mí el posterguicidio: acción y efecto de matar tus metas y sueños interrumpiéndolos constantemente con actividades dirigidas a no hacer; procrastinación extrema, postergar más allá de postergar. Mi amiga Mariely comentó que ella pensó que era la muerte de la postergación. Muy interesante su punto de vista. Es como matricidio, dar muerte a la madre. O parricidio, muerte al padre; o suicidio, muerte a misma.

Aclaro en este episodio: la postergación no muere. No hay manera de asesinarla ni ahogarla. Puede aliviarse o dormir una siesta; puede esconderse juguetona detrás de un proyecto. Quizás guiñarte un ojo detrás de un pensamiento, como para decirte: “dale, sigue que te espero en la esquina.” Pero morir, eso no. Aún ahora, que estoy en acción y escribo este episodio, busco la manera de cerrarle la puerta. Pongo el pie entre el marco y la puerta, pero se asoma. Me cubro los ojos para no verla y las manos dejan de teclear para añadir palabras. Me cubro la boca, como para no gritar mi decepción y lo que hago es detener el flujo de las oraciones. Me cubro los oídos, porque siento una risa liviana y cristalina, casi imperceptible, pero presente. La sensación de frustración parece eterna.

Me digo: continúa, escribe, espera cinco minutos… espera diez… aguanta, escucha, mira. Ella va y viene, resucita como Cristo y, como Él, es perenne, amigable; porque si fuera frágil y violenta sería fácil rechazarla. Decido mantener mis manos en el teclado para no evadirla con mis sentidos y la acepto como se aceptan los defectos de un buen amigo, con amor y dulzura, aunque apriete los dientes.

Para mí, esa es la manera más efectiva de tratar la procrastinación. Contarle de mis proyectos y de mis acciones dirigidas a completarlos -como un comentarista de radio que describe la acción que ocurre frente a él. Tratar la procrastinación como si fuera mi estudiante. Hablarle para que reflexione sobre mi enseñanza y pedirle que guarde silencio mientras actúo, mientras me expreso, mientras sueño.  Espero llegar a quince minutos, que solo van diez…

Soltera, feliz y en paz con Cupido

Este día de San Valentín celebra el amor desde la soltería. El primer amor te lo debes a ti. Cuando te amas, es más fácil amar a los demás. Te ofrezco algunas sugerencias para que este día sea de felicidad y alegría:

  • Si la vas a pasar en casa, cocina una cena para ti y disfrútala en presencia, con todos tus sentidos. Saborea cada bocado con premeditación. Utiliza algunos de los ingredientes afrodisíacos que  recomendó Tu Chef Rebecca en el programa radial Dale mente en 1140 am. Arúgula, almendras, fresas y tu mente… Puedes encontrarlos en Facebook. (Sí, ya sé. Quizás pienses que afrodisíaco y soltería no van de la mano. Te sorprenderías…)
  • Lee una novela de amor (no de romance). Te recomiendo The Museum of Modern Love de Heather Rose, una novela inspirada en la hazaña de Marina Abramović en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en el 2010.
  • Organiza un friend date. Me reúno con amig@s querid@s dos jueves al mes. Empecé a reunirme con dos amig@s y ya somos cinco. Nos tomamos una copa de vino y nos deleitamos de nuestra compañía. Llenamos nuestro tanque de amor, como diría Yesenia.

Disfruta el espacio en el que estés en este San Valentín. Reconoce tus deseos y anhelos. Goza con tu soltería, tus amistades y tu familia. ¡Lo importante es que celebres el Amor, éste y todos los días!