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Si no estoy en relación es porque no me toca estar en relación

Hace tiempo leí que una relación de pareja exitosa contiene tres elementos: filia, eros y ágape. Filia es el amor fraternal, entre iguales, entre amigos. Eros es el amor erótico, sexual, pasional, corporal. Ágape el amor total, espiritual y más elevado. Una relación duradera puede contenerlos todos o, poco a poco, desarrollarlos. Si solo tiene eros, no hay complicidad ni amistad ni intención de desarrollar profundidad. Si solo tiene filia, eros sufre, aunque podría llegarse a ágape. Dos personas que se aprecien como amigos, se deseen como amantes y se amen a nivel de almas, ¡acho ni Adán y Eva!

Contemplo mi relación con el padre de mis hijos. Había eros, algo de filia, nada de ágape. Con el tiempo perdimos la poca filia que teníamos; eros no sé a dónde fue a parar y el ágape jamás floreció. Al menos, no mientras estuvimos casados. Ahora siento que estoy cerca de sentir ágape en el espacio de nuestro divorcio. No sé si hacia mi ex o si hacia el divorcio, que es tremenda herramienta de transformación.

Hace más de 10 años que me divorcié, felizmente. La vista de divorcio fue algo incómoda, pero breve. Como el pinchazo de una aguja cuando te sacan sangre. Durante este tiempo mantuve mi familia, mi hogar y mi misma. Me independicé. Siempre apoyada por mis padres y mis herman@s; siempre apoyada por la vida. Comprendiendo que todo es cambio y que todo pasa. Descubriendo que la independencia quizás es una aberración, porque es interdependencia lo que he vivido. Y también que cada vez me maravilla más lo poco que sé de la vida y de la gente.

Lo que me lleva a reevaluar por enésima vez para qué estar desemparejada:

Primero: la gente piensa que es fácil convivir con ellos y son los otros los difíciles. A pesar de que soy un 4 de julio, estoy consciente de que es un reto convivir conmigo. Hasta yo me canso…

Segundo: la última relación de semipareja que tuve fue con un hombre que es hijo del maltrato. Yo soy altamente influenciable y digo sí a (casi) todo. ¡Eso a los hombres acostumbrados a los malos tratos no les gusta! Prefieren un “NO”, como dice Arjona.

Tercero: cada vez que recuerdo que no tengo que rendirle cuentas a una pareja, siento un gozo sublime que se aloja en mi corazón y me hace reír sin razón. Ahora mismo sonrío al sentir ese gozo que describo.

A aquellos y aquellas que están felizmente emparejadas, las felicito y las invito a contemplar si tienen filia, eros y ágape. Estamos en este mundo para aprender de nuestras relaciones. Yo, mientras tanto, continuaré desarrollando esos tres amores con misma, porque estoy en este mundo para aprender de todas mis relaciones.

Es justa y necesaria la corrección para llevarnos al Nirvana

Tengo un bachillerato en Estudios hispánicos que es una manera altanera de decir que me gradué de la universidad con un bachillerato en español. De niña me encantaba corregir a la gente que hablaba mal el español (para de demostrar “yo sé, yo sé”) y el bachillerato me dio la legitimación necesaria para continuar corrigiendo a otros. Esa manía me trajo algunos problemillas.

Hoy día ya no corrijo (tanto) a mis amigas ni a extraños. Reconozco que cada cual tiene derecho a meter las patas y en la manera que prefieran. Sin embargo, me dedico a confeccionar mensajes y discursos que vayan al grano, que sean correctos y que lleven un mensaje tan diáfano como sea posible. Y sí, a veces cometo errores, pero me levanto me sacudo y continuo en la contienda.

Diseñar y confeccionar un mensaje claro requiere un compromiso mayor de tu cerebro y de tus habilidades. El bombardeo constante de información y sus distracciones nos obliga a crear mensajes con menos palabras para que lleguen directo a la yugular. Eso requiere cierto esfuerzo mental que a la larga nos apoyará a ahuyentar la enfermedad de Alzhéimer.  

Hay superposiciones generacionales en los lugares de vida, trabajo y ocio que nos obligan a ser diversos en nuestras comunicaciones. A mi generación le encanta la corrección en el lenguaje – aunque a veces no lo parezca. Los millenials y más jóvenes prefieren el contenido. Si escribimos un mensaje breve, correcto y valioso apelaremos a más generaciones y será mayor la audiencia que se beneficiará.

Otra razón en defensa de la corrección: nuestras palabras quedan grabadas en la Gran Red de Todas-las-cosas. (Y no le creas mucho a los que te digan “dale delete y no te apures”…). Yo prefiero dejar un mensaje bien escrito para la posteridad que uno cundío de horrores.

La gran ironía es que escribir bien es un ejercicio egoísta que puede impactar a otras personas. Cuando un contenido tiene varios errores hay cerebros que se enganchan en los errores ortográficos o gramaticales y obvian el mensaje. Si el mensaje es lo más significativo y lo que deseas que viaje más lejos, hace sentido escribirlo bien.

Ninguna de estas sugerencias garantizará que el público me entienda. La interpretación quedará a su discreción. Sí me puedo esforzar en que mi aportación al vasto mundo de las letras sea el mejor trabajo que pueda crear, aunque ya no tenga la certeza infantil de que “yo sé, yo sé”.

¡Qué difícil es hablar de Papi!

Cuando pienso en papi lo veo descansando en su butaca. Recuerdo que siempre estaba cansado, porque trabajaba lejos y se tenía que levantar temprano para viajar al trabajo. Todos los días. Estaba lejos y no nos atendía. No sabía yo que iba tan lejos para demostrarnos su amor.

Hace poco escuché a Esther Perel, conferenciante especialista en relaciones humanas, exponer que en esta época es cuando los padres han dedicado más tiempo a sus hijas e hijos que en cualquier otra época de la historia. Y esa dedicación va en aumento. Esto demuestra que las mujeres no somos las únicas que hemos evolucionado… Generaciones anteriores han reclamado que desean que sus padres sean parte activa en sus vidas. Hoy día los padres no son sólo proveedores del pan en la mesa, sino que proveen aventuras y experiencias que apoyan a vivir plenamente.

Escribir sobre Papi me obliga a repensar mi relación con él, me obliga a cambiar la perspectiva con la que lo veía de niña. Para mí era un hombre excepcional y amoroso; odioso cuando me regañaba; valiente y protector siempre. Me sentía segura en su abrazo, con su cercanía. Quizás por eso no me gustaba cuando iba lejos, me sentía desprotegida. Era intelectual, ávido lector y fanático de la música. Podía preguntarle lo que fuera y él lo sabía. Podía hablarle de lo que quisiera y no me enjuiciaba. Hasta que me enamoré y preferí dejar de contarle, para llevar la fiesta en paz.

Papi sigue siendo un hombre excepcional, un ser humano amoroso, valeroso y espiritual. Los retos regulares de los seres humanos de este planeta los enfrenta con humor a veces o con victimismo otras. Nunca estuvo lejos, porque siempre nos tuvo en su corazón. Su familia es su existencia. De todo lo que he aprendido de él mi lección favorita es que toda experiencia, buena o mala, es aprendizaje y me da información. Él es una de mis mejores experiencias en este mundo. ¡Ah! y una vez le pregunté –Papi, si tuviéramos chavos, ¿cómo yo sería? Me contestó –Serías tan chulita como ahora. ¡Nada como las palabras amorosas de mi papá para levantarme el amor propio!

Otra buena lección que me imparte todos los días es que proteste, que no me quede callada, que hable. Como sé que él protestará cuando lea esta entrada de mi blog y se defenderá y comentará. Pero me amará, porque comprenderá, una vez más, que soy hija de mi padre.

¡Feliz día de los padres!

Sublévate y no creas en el “evangelio”

¿Has escuchado el rumor de que Tommy Hilfiger no diseñó su ropa para negros ni judíos ni latinos y que prefería que ellos no la compraran? Mi amiga Charo leyó el notición en Facebook como si fuera el Evangelio. Llegamos a la conclusión de que era tan exagerado lo que decía el artículo que tenía que ser embuste.

Me senté a hacer una pequeña búsqueda en YouTube. Escribí “Oprah and Hilfiger”. Ta dá. Descubrí una entrevista que Oprah le realizó a Hilfiger a raíz de ese rumor. Era la primera vez que se conocían y hablaron de lo que Oprah denomina como el BFL (Big Fat Lie). Para el momento de la entrevista, el chisme llevaba 10 años circulando. Súmale los 5 años que tenía el video y el rumor lleva al menos 15 años rondando. ¿Crees que todo lo que se publica en internet es válido y valioso?

La rapidez con la que se publican noticias hoy día es espantosa. La manera en que todos nos enteramos de lo que está pasando mundialmente hace muy difícil que podamos escondernos a hacer pocas vergüenzas. En ninguna época se ha visto tanta velocidad informativa.

La contraparte de este legado de apertura es que casi TOOOODO viaja a la misma velocidad, hasta las mentiras. Y no solo la velocidad. Es la permanencia de lo que se publica en las redes lo que me sorprende. Pero más me fascina cómo la gente cree sin cuestionar. Claro, usar las redes para desmentir  algo que fue publicado en las redes es como una anormalidad, pero eso lo hace conveniente: verdad y mentira habitando el mismo espacio.

Yo, que en estos días estaba considerando que el silencio es una herramienta muy valiosa para vivir en harmonía, pensé que en un caso donde se propaga la mentira es mejor intervenir y objetarla. Denunciar una noticia falsa o un anuncio engañoso me parece más prudente. Cuestionar me parece que enriquece. Curiosear me parece que apoya a que un ser humano se transforme en un ser superior. (¡Todos sabemos que en mujer!).

Para parafrasear a Don Miguel Ruiz en su libro El quinto acuerdo: no creas nada porque alguien te lo dice, averigua primero. Esto aplica a todo, hasta a lo que yo te diga que me parece conveniente o ético o mejor. Las opiniones son solo palabras y si nosotros las creemos nos volveremos conformes. Experimentar, dudar y cuestionar nos llevarán a crecer, cambiar y sublevar para no aceptar las noticias verdaderas o falaces porque sí. En un mundo donde hay tanta información es trascendental hacer las preguntas adecuadas para poder salir de la ingenuidad de creerlo todo sin vacilar.

Postergación artística, creativa y sublime

La procrastinación es el arte de dejar para después lo que puedes hacer en el momento presente. Es un arte, porque requiere dedicación y constancia. Requiere la tenacidad de buscar y encontrar nuevos métodos para ser más creativa con tu arte. Requiere la curiosidad de encontrar caminos más largos que te dejen ver a lo lejos la posibilidad de obtener resultados efectivos, otro día.

Postergar no es solo decir “lo hago mañana”. Necesita usar una excusa previa, como por ejemplo “estoy cansada, lo hago mañana”. Para no aburrirte de la misma, lo mejor es usar cada excusa par de veces y luego rotarla. “Tengo que recoger las cajas de la sala”, contestación: “no tengo quien me hable mientras recojo, lo hago mañana”, “me duelen los brazos, lo hago mañana”, “tengo que terminar de ver la serie, recojo mañana”.

Quizás la postergación que más requiere de habilidades artísticas es la que usamos con nuestras relaciones. Las excusas que buscamos para nosotros mismos por lo regular van incuestionadas y  podemos usar excusas más sencillas. Pero cuando la postergación va dirigida a otra persona, hay que cuidarse de que la excusa esté blindá. “Tengo influenza, te veo mañana.” “Estoy ocupado en el trabajo, dejémoslo para mañana.” “Tengo que levantarme temprano para llevar los nenes al campamento, raincheck para mañana.”

Todas las excusas, aunque blindás, en el fondo son iguales y su propósito es el mismo: no llegar hoy, no hacer hoy, no ir hoy. Dejar de hacer lo que tienes de frente y colocarlo en un futuro, que puede ser a más largo plazo que mañana.

¿Tiene antídoto la postergación? ¿Cuál es el antídoto? ¿O será que es irremediable en los seres humanos? A través de la historia el tema ha sido uno muy tratado, hasta el cansancio. En mi caso es un lugar de mucho dolor en los dos extremos de la escala. Actuar todo el tiempo no concede espacio a la contemplación, que es necesaria para el aprendizaje y transformación inherentes a todo ser humano. Postergar todo el tiempo no da espacio a la acción tan necesaria para obtener logros y triunfos, tan necesarios para el aprendizaje y transformación inherentes a toda ser humana.

Para mí fue complicado comprender que hace falta tener un balance para transformar. Hay veces que hay que rumiar para ver todos los lados de una situación y entonces poder actuar debidamente. Otras, es mejor actuar primero y pensar después. Durante una confrontación, donde los ánimos están calientes y es más fácil insultar, lo mejor es dar un paso atrás para mantener el bienestar de una relación tanto personal como de negocios. Es mejor postergar hasta que el humor quede restablecido y la comunicación se dé desde una plataforma amorosa. Por otro lado, en una relación aburrida quizás es mejor actuar para salir de ella rápido o para meterle la pepa que la lleve a otro nivel. Dar largas no es el mejor correctivo para una situación así.

Si buscas cómo contrarrestar la procrastinación un ejercicio útil es el de los 5 minutos. Quieres escribir, pero le das vueltas. Hazlo por 5 minutos, con un cronómetro. Cuándo pasen esos 5 minutos, hazlo por 5 más. Vuelve y vuelve. ¡Llegará un momento en que ya no tendrás que poner el cronómetro porque la mente quedará debidamente engañada! Podrás tener el episodio de un blog o un micro cuento o hasta varios poemas eróticos.

¿Libros que te pueda recomendar? Hay muchísimos dedicados a manejar la postergación. Tengo varios con descripciones prometedoras. Les contaré de sus propuestas cuando me anime a leerlos.

Puedo, aunque procrastine…

Volver a escribir después de tantas semanas silentes, cuesta. En estos casi tres meses de ausencia bloguerista, me he dedicado a mudarme, procrastinar, vivir con las cajas de la mudanza en la sala, recibir terapias para tratar mis condiciones de salud, posar para un shooting, hablar con amigas, salir a bailar, apoyar a mi hija Sofía, celebrar el día de las madres, trabajar en un bufete de abogados, publicar más poemas (eróticos) y seguir procrastinando.

Nada lo he hecho con prisa, pero tampoco he tenido la urgencia de vivir en presencia. Cualquiera diría que tengo tiempo que perder, después de la parálisis facial que sufrí en enero y de la cual no me he recuperado por completo. Continúo con la secuela del tinito pulsante que casi no me deja vivir en paz y todavía para eso no he encontrado alivio. Ni siquiera el otorrinolaringólogo me supo diagnosticar y si continuo leyendo la información que descubro en Google, me dará la urgencia de la prisa irremediable de saber que ya me fastidié y no hay más que hacer.

Ya hoy me siento más centrada. Sí, continúo procrastinando y supuestamente es normal durante los tránsitos astrológicos actuales. Pero para demostrar que las estrellas inclinan, pero no determinan, me dediqué a escribir hoy en este momento. Como para llevarle la contraria a los planetas y a mi dejadez. Para asentarme en rebelión de mis creencias limitantes de que esto es lo que es y de que no hay más.

Heme aquí, Marinés de vuelta, revuelta y rebelde, pero más que nada agradecida: de la vida, de mis amistades y sus oraciones, de la paciencia que todavía me da trabajo, de mi familia que me apoya, de ese hombre que no me quiere, de todo lo que atraigo y de todo lo que rechazo. Un día más, vamos, podemos; aunque procrastinemos.

La espera no desespera, enseña

¿Alguna vez has tenido que esperar? ¿En la oficina de un médico o en el supermercado o en el día de tu boda? La espera es parte de mi vida diaria y muchas veces la contradigo, porque deseo que las cosas sucedan aquí y ahora. Y sí, las cosas están sucediendo, pero quizás no de la manera que las quiero.

Hace unas semanas tuve un reto de salud y el camino a la recuperación ha sido lento y a su tiempo. Luego de semanas de terapias y ejercicios ya casi tengo mi sonrisa completa. ¡Ya se me ven las arrugas del ojo izquierdo! Todavía tengo un sonido de taladro en el oído que se alterna con el de una bocina de camión, pero la recuperación ha sido franca gracias a todas las oraciones de mis familiares y amistades.

La paciencia que he descubierto ha sido sorpresiva. El dolor ha estado presente todo el tiempo. Me he visto obligada a descansar, a la mala. Me he sentido frustrada, preocupada, impaciente. Sin embargo, haber escrito sobre la experiencia me ha permitido ventilar de una manera sosegada y sanadora. Me ha invitado a observar mi realidad desde otra perspectiva. ¿Y si no tengo tanto tiempo como imaginaba? ¿Y si se acaba todo hoy? Esto parecería contrario a la paciencia, pero a mi entender van de la mano.

La vida se construye momento a momento, con experiencias de todos los colores. Aprender de ellas requiere el valor de aceptar lo que vivo a cada instante. Para eso hay que tener las ganas de vivir y la paciencia de esperar a que se vuelva realidad la comprensión. Para mí, vivir en el presente es la mezcla perfecta de acción y paciencia.

Saborear el descanso, apreciar las personas que están en mi vida, agradecer la ausencia de otras; hasta aprender a convivir con dolor – que es un gran maestro, porque no he podido evadirlo-. Todo, absolutamente todo, es parte de esta experiencia humana. Lograr el balance entre retos, paciencia y acción es delirante. Va y viene. Unos días me siento en armonía; otros, fracasada. Pero siempre viva.

¿Cuántas veces olvidamos nuestro aprendizaje? ¿Cuántas veces no practicamos lo que sabemos? Hoy la paciencia es mi aliada, porque he tenido que cultivarla. Cuando algo nace dentro de mí y crece conmigo lo siento inmediato. Agradezco sus lecciones. Y la paciencia que nació en mí poco antes de mi cumpleaños es mi compañera imperturbable; ha soportado mi desasosiego, mi hastío, mi intranquilidad. Hoy deseo que permanezca, que me revele, que me arrope. En su abrazo me siento resguardada y preparada para nuevos retos. Hoy la paciencia se hace viva en mi presente para aprender y actuar. Para practicar lo que sé.

La paciencia se cultiva, no se agarra

Otra mañana en la que la cara no responde. Aunque siento menos dolor en el cachete, el resto de la cabeza lo siento como un globo de aire caliente, que aunque me pesa, se va elevando sin mi control. Las medicinas para desinflamar no me quitan el dolor totalmente, aunque sea por un rato, solo lo disipan. El zumbido que siempre tengo en los oídos se ha agudizado. No sé si por la parálisis o los medicamentos.

Ya hoy me toca la terapia nuevamente. Y tengo una relación amor-odio con ella porque salgo de allí con mucho dolor. Hoy no quiero hacer las muecas, porque sé que me va a doler más la terapia.

El dolor para mí es un proceso difícil. Ojalá sea de depuración. Me mantiene con el humor errático. Sí me paso haciendo chistes de mi condición, pero mi límite para aguantar mierda es menor. Estoy mecha corta y me enojo por lo más tonto. Pero como dijo mi amigo Hansell, la energía del dolor puede hacer eso y más en una persona.

El proceso me ha mantenido más presente. Me ha obligado a mirar lo efímero de la vida y es como un llamado a no perder tiempo. Sé que tengo que descansar, porque el cuerpo me lo pide a gritos, pero es descansar con propósito: para procurar mi salud física y sanidad mental, para poder aprovechar el tiempo en realizar deseos que había dejado atrás y para mirar pa’ dentro.

Hacer introspección en este momento tiene una validez diferente, es darme cuenta del valor del tiempo, para qué puedo utilizarlo aunque no exista. Es comprender que hay un mundo interno que domina el externo. Es entender genuinamente que el taller está en la mente y que solo puedo controlarla a ella. Eso de influenciar, manipular, promover o persuadir pasa a un segundo plano, porque es mi mente con la que tengo que trabajar. Es buscar el cambio de percepción tan hartamente discutido en Un curso de milagros (https://acimi.com/es/un-curso-de-milagros). Es ver más allá de lo obvio, porque lo esencial es invisible para los ojos, como dice el Principito. Es comprender que debemos ir más allá del amor como emoción y vivirlo como experiencia y darlo como ejemplo, desinteresamente y porque sí. Como emoción va y viene, como experiencia es vida.

En este momento a la Divinidad le agradezco las experiencias vividas, solo espero poder estar a la altura de todas las enseñanzas y aprovecharlas al máximo cada día. Y ella me responde: paciencia Marinés, paciencia; que la paciencia se cultiva, no se agarra.

Si tan solo pudiera escupir con puntería

Las cosas sencillas de la vida son las más que extraño en este momento. Reírme a carcajadas, hablar claramente, que no me duela la cara.

Estar con un lado de la cara en parálisis es un proceso interesante que me ha apoyado a sentir frustración, enojo, tristeza y hasta presencia. Estar pendiente en todo momento, sentir lo que venga en todo momento, pensar menos en todo momento. Actuar más que pensar. Por eso escribir es tan complicado en este momento: es pensar y hacer simultáneamente.

En estos días comencé un reto de escribir 500 palabras todos los días. Tenía que empezar el día que me dio la parálisis. Pensé: ahora sí tengo tema para escribir. Además, como siempre digo, expresar mis experiencias me lleva a sanar lo que tenga que sanar. Aproveché la oportunidad para escribir todo lo que sentía con el propósito de adelantar este proceso de sanación que tengo frente a mí. Pero ha sido más difícil de lo que pensé. He escrito casi todos los días, pero ha sido a través de cansancio sorpresivo y de dolor inquietante. La palabra dolor como que no va de la mano con la palabra parálisis, pero para mi asombro es como si fueran hermanas en este momento. Mi cara lo sabe. El dolor es constante y punzante, pero ya como que me estoy acostumbrando. El ser humano se acostumbra a todo y yo no soy la excepción.

Por las mañanas me paro frente al espejo para hacer las muecas que avivarán mi cachete en algún día futuro. De momento me reconozco y soy yo. Hasta que me sonrío y hago las muecas necesarias: es un rostro desconocido, ¡y que no me hace caso! Es como la reafirmación de que realmente no tengo tanto control como imagino.

Descubrí en este período cómo los niños se separan de los hombres. He podido sentir el amor de mis familiares y amistades verdaderas que envían sus buenas vibras todos los días para mi pronta recuperación. Se han salido de sus rutinas para apoyarme. Y yo me he atrevido a pedir apoyo, que tanto trabajo me da. Agradezco profundamente la presencia de esas personas que me aprecian.

Agradezco el proceso también. Veo las cosas desde otra perspectiva. Me duele cuando me miran con compasión, pero reconozco que yo me miro de la misma manera a veces. Es más, hasta me siento víctima en ocasiones, pero entonces recuerdo que hay que experimentar la vida plenamente y se me pasa. Plenitud es vivir lo que se me presenta en cada momento, con aceptación de lo que es, sin cuentos ni espejismos. La imaginación es válida para visualizar mi recuperación, pero la aceptación me permite sentir el momento a momento y disfrutar la dicha de estar viva. Eso sí, si tan solo pudiera escupir con puntería…

Cuando el gas pela

Hoy fui al fisiatra y confirmó el diagnóstico de ayer: parálisis facial. Me dieron terapia y salí con más dolor del que tenía. Pero la recuperación tomará su tiempo. Es el momento para practicar paciencia, que me parece que es uno de los caminos a la iluminación. Al menos así lo siento por el trabajo que da.

Me explicó el doctor que por lo regular una parálisis facial es ocasionada por un virus, parecido a la varicela, que se aloja en el nervio e interrumpe su funcionamiento. Y como la varicela, aun cuando me recupere de la parálisis, el virus permanecerá conmigo.  Así que mejor me hago amiga de él, le doy cariño y espero que me suelte. Vuelvo a la paciencia. (¿No les suena eso como a algunas relaciones que vivimos? Hay parejas que aunque nos dejen siempre se quedan con nosotros en el recuerdo y quizás no de la mejor manera…)

La terapia es dolorosa, pone el músculo a funcionar ya que el nervio no puede. Quizás por el dolor que siento, me parece que estoy peor hoy que ayer. El dolor va a quedarse unos días, me dijo el médico. Y las medicinas que estoy tomando no me lo quitan, ni siquiera lo interrumpen.

Pero hay algo sorprendente en el proceso. Es como estar híperpresente, observando todo lo que hago y actuando con cautela. Tomo el agua de a poco y con cuidado para que no se me derrame. Siento el dolor en vez de evadirlo. Me mantengo en el cuerpo en vez de estar inventando historias en mi cabeza. Claro, ayer pensé que podía estar sufriendo un derrame por los síntomas que experimenté. Pero una vez obtuve el diagnóstico correcto hubo la aceptación y tranquilidad de conocer lo que estaba pasando.

Aquí es que se separan las niñas de las mujeres. Aquí es cuando practico lo que predico y utilizo todo el conocimiento adquirido para ponerlo en práctica. Aquí es cuando me permito sentir tristeza y desasosiego por lo desconocido del proceso. Aquí es cuando tomo la paciencia por las manos y le ruego que me bañe con su definición. Es aquí y ahora cuando reconozco lo que experimento momento a momento.

Este proceso es como una bendición escondida. Su propósito me será revelado. Quizás me ocurrió para evitar sufrir algo peor, pero si continuo pensando eso me mantendré en la historia mental y no en la experiencia. Fascinante para mí poder reconocerlo. Es como si yo me estuviera invitando a mi propia fiesta de vida. Eso es vivir, reconocer a cada momento lo que tengo frente a mí, ver que todo ocurre para mi beneficio y transformación aunque no pueda entenderlo completamente en el momento.

¡Ah! ¡Pero me falta agradecer! Gracias por la familia que se preocupa, por los amigos que se ocupan, por los que apoyan y gracias por todas sus palabras de aliento. También agradezco los retos, las personas conflictivas y el amor que siento, a veces, por ellas. Todo, lo agradezco todo.

Este es un período emocional y de tristeza, pero también siento la alegría de vivir el momento para ver si de verdad el gas pela.