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We are not that different

Today at 5 p.m. I decided to take a walk. Lately I have been exercising for 30 minutes, just to relax during this captivity period. I know, an hour is best; but 30 is better than nothing. To my surprise, my daughter Sofi came along, and we had a grand time even with social distancing measures. The day was sunny, windy, beautiful.

One of our neighbors had Sting’s “Dessert Rose” song full blast while exercising in her stationary bike. And Sofi asked me: “Is that Sting?” “Oh, you recognized him?” – I answered.

She replied: “Yes. But my favorite song of his is Ghost Story.” And we both started singing it on our way back.

Now I have it like a worm in my mind, and instead of washing my hands to the tune of Happy Birthday, I use some of Ghost Story’s lyrics:

“And all these differences

A cloak I borrowed

We kept our distances

Why should it follow

I must have loved you?”

– Ghost Story, by Sting

Sofi has the voice of an angel.

En el medio

Cuento de 99 palabras (Reto de Editorial Narra, 17/3/2020)

Bajé la escalera con cuidado. Paso a paso, me acercaba al fondo donde encontraría lo que buscaba. El silencio ocupaba gran parte del espacio y lo único que se escuchaba era el taca-taca de mis zapatos. Me detuve en el último escalón. Tres pasos más me dejaron ver lo que ocurría. Poca luz. Silencio. Perfume desconocido. Algún aroma familiar. Un espaldar rojo contra una superficie oscura. En el medio de la recámara, algo me aguantó. El nerviosismo que sentí me inutilizó las manos. Ya no podría agarrar nuevamente ese vaso que contenía el líquido preciado de los dioses: whisky.

¿Qué hago si el miedo se acomodó a mi lado?

Cuentan de un sabio que una noche, mientras meditaba, vio cómo se acercaba el fantasma de la Varicela a su aldea. Alarmado, le pidió al fantasma que se alejara. El sabio le rezaba a su Dios y no era justo que los aldeanos murieran por causa de la varicela. El fantasma negoció: tengo que llevarme a tres de ellos para cumplir con mi trabajo. El sabio, resignado, aceptó. Los primeros días murieron tres personas. A la semana murieron cinco más y cada día seguían muriendo hasta que los pocos que quedaron vivos salieron corriendo de la aldea y desaparecieron. El sabio meditó profundamente e invocó al fantasma para recriminarle. -Me engañaste,- le dijo cuando apareció. El fantasma, ofendido, le contestó: -¡Yo cumplí mi palabra! Solo me llevé a tres. Los demás se murieron de miedo.-  

Anoche encontré esta historia y me pregunté:

  • ¿Cuántas veces he muerto de miedo en mi vida?
  • Procrastinar, ¿me apoya a vivir una vida más plena? ¿O me hace morir de miedo un poco cada vez?
  • ¿Estoy dispuesta a vivir con miedo y a hacer las paces con él?

Reflexioné durante la noche que mientras permito que el miedo dicte mis acciones, siento que no aprovecho mi vida. Y vida desaprovechada es muerte.

Cada vez que evado ser honesta con misma, por miedo, es una oportunidad perdida a vivir desde un lugar de integridad y es difícil encontrar paz en esa evasión.

Postergar rima con matar y eso es lo que hago cada vez que dejo para después acciones dirigidas a atraer mis sueños a la dimensión de este planeta.

El miedo no se fue porque haya reflexionado en él y sus efectos en mí. Ahora sentada lo siento acomodadito a mi izquierda. Me pregunto si debo convivir con él o si debo invitarlo, suavemente, a que se separe un poco de mí mientras yo inyecto vida a mi existencia y a mis sueños…

La procrastinación resucita como Jesucristo.

En uno de mis episodios anteriores, escribí sobre lo que significaba para mí el posterguicidio: acción y efecto de matar tus metas y sueños interrumpiéndolos constantemente con actividades dirigidas a no hacer; procrastinación extrema, postergar más allá de postergar. Mi amiga Mariely comentó que ella pensó que era la muerte de la postergación. Muy interesante su punto de vista. Es como matricidio, dar muerte a la madre. O parricidio, muerte al padre; o suicidio, muerte a misma.

Aclaro en este episodio: la postergación no muere. No hay manera de asesinarla ni ahogarla. Puede aliviarse o dormir una siesta; puede esconderse juguetona detrás de un proyecto. Quizás guiñarte un ojo detrás de un pensamiento, como para decirte: “dale, sigue que te espero en la esquina.” Pero morir, eso no. Aún ahora, que estoy en acción y escribo este episodio, busco la manera de cerrarle la puerta. Pongo el pie entre el marco y la puerta, pero se asoma. Me cubro los ojos para no verla y las manos dejan de teclear para añadir palabras. Me cubro la boca, como para no gritar mi decepción y lo que hago es detener el flujo de las oraciones. Me cubro los oídos, porque siento una risa liviana y cristalina, casi imperceptible, pero presente. La sensación de frustración parece eterna.

Me digo: continúa, escribe, espera cinco minutos… espera diez… aguanta, escucha, mira. Ella va y viene, resucita como Cristo y, como Él, es perenne, amigable; porque si fuera frágil y violenta sería fácil rechazarla. Decido mantener mis manos en el teclado para no evadirla con mis sentidos y la acepto como se aceptan los defectos de un buen amigo, con amor y dulzura, aunque apriete los dientes.

Para mí, esa es la manera más efectiva de tratar la procrastinación. Contarle de mis proyectos y de mis acciones dirigidas a completarlos -como un comentarista de radio que describe la acción que ocurre frente a él. Tratar la procrastinación como si fuera mi estudiante. Hablarle para que reflexione sobre mi enseñanza y pedirle que guarde silencio mientras actúo, mientras me expreso, mientras sueño.  Espero llegar a quince minutos, que solo van diez…

Soltera, feliz y en paz con Cupido

Este día de San Valentín celebra el amor desde la soltería. El primer amor te lo debes a ti. Cuando te amas, es más fácil amar a los demás. Te ofrezco algunas sugerencias para que este día sea de felicidad y alegría:

  • Si la vas a pasar en casa, cocina una cena para ti y disfrútala en presencia, con todos tus sentidos. Saborea cada bocado con premeditación. Utiliza algunos de los ingredientes afrodisíacos que  recomendó Tu Chef Rebecca en el programa radial Dale mente en 1140 am. Arúgula, almendras, fresas y tu mente… Puedes encontrarlos en Facebook. (Sí, ya sé. Quizás pienses que afrodisíaco y soltería no van de la mano. Te sorprenderías…)
  • Lee una novela de amor (no de romance). Te recomiendo The Museum of Modern Love de Heather Rose, una novela inspirada en la hazaña de Marina Abramović en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en el 2010.
  • Organiza un friend date. Me reúno con amig@s querid@s dos jueves al mes. Empecé a reunirme con dos amig@s y ya somos cinco. Nos tomamos una copa de vino y nos deleitamos de nuestra compañía. Llenamos nuestro tanque de amor, como diría Yesenia.

Disfruta el espacio en el que estés en este San Valentín. Reconoce tus deseos y anhelos. Goza con tu soltería, tus amistades y tu familia. ¡Lo importante es que celebres el Amor, éste y todos los días!

Posterguicidio. Otra palabra para procrastinar.

Quien no actúa, no tiene evidencia de transformación.
-Marinés Rivera

“Action comes first”, eso dijo Ina Coveney durante una clase que tomé con ella recientemente. Para Ina actuar es primordial para ser efectiva, para encontrar tu nicho, para comenzar un negocio. Ya lo decía una mujer sabia: quien no actúa, no tiene evidencia de transformación. ¡Ah! Eso lo dije yo. Pero no porque lo haga…

Mi lado izquierdo del cerebro es bastante ruidoso. Es la parte analítica y lógica de mis pensamientos. El lado derecho me hace ensoñar con lo que vislumbro en los rincones escondidos de mi corazón. Pero ninguno de estos lados cerebrales está diseñado, en mí, para actuar. Si me levanto por las mañanas con la idea de meditar, interrumpo para tomar café primero porque tengo que despertar. Si deseo agendar una hora para escribir un episodio de mi blog, aprovecho primero para tomar una siesta; el descanso me hará escribir con más claridad. Actividades dirigidas a no hacer o a interrumpir. Qué ironía.

‘Actuar primero y luego afinar’ es una expresión que me causa una ansiedad que se refleja en lo mucho que he tardado en escribir esta oración. Comencé, postergué, me detuve. Fui al baño, regresé, me distraje. Al fin completé. Wow (en español guau). Eso fue “actuar” según mi mente. ¡Claaaro!

Se me ocurre inventar que cometo posterguicidio: acción y efecto de matar tus metas y sueños interrumpiéndolos constantemente con actividades dirigidas a no hacer; postergar más allá de postergar. Y ahora me pica un pie y dirijo mi atención ahí para no escribir. Interrumpo. Escribo y vuelvo a sentir el picor. Interrumpo. Y evado completar una tarea que me aproxime a cumplir algún deseo acunado en mi pecho o a escribir algún mensaje que pueda alegrar a otros.

¿Ansías cambiar de trabajo? ¿Corriges tu résumé una y otra vez y no lo distribuyes? Déjame decirte que eso es posterguicidio. ¿Quieres robustecer tu lista de correos electrónicos para ampliar tu negocio y le das largas y más largas? Posterguicidio. Y no hablemos de las relaciones natimuertas por el posterguicidio mayor “estoy ocupada (con nada)”; postergación por estar “ocupados” más allá de alguna ocupación real. Y todo porque no te atreves, porque no te arriesgas, porque no actúas.

Actúa primero y descubrirás lo que funciona para tu trabajo o negocio. Actúa y descubrirás misterios que desconoces y te harán vibrar. Actúa y obtendrás evidencia de tu transformación. Actúa, aunque seas experta en posterguicidio, actúa.

Si la montaña no va a Mahoma haz que Mahoma venga a Puerto Rico

Durante el pasado mes de noviembre llamé a mi hijo para recriminarle. Ya habían pasado 3 años desde su último viaje a Puerto Rico. Admito que quizás le subí dos a mi tono para que él se sintiera culpable y viajara a verme. Él, con su acostumbrada honestidad, me contestó: Mami te entiendo, pero no me gusta tu tono.

Semanas después recibí un mensaje con su itinerario de vuelo. Vendría para mi cumpleaños. ¡El mejor regalo!

Su viaje fue de pocos días y transcurrieron más rápido de lo que se suponía. Llegó y se fue. Y su partida me dejó una grieta en el corazón que no creo que cierre ni con epoxi. Pero en nuestros andares por lugares familiares o desconocidos me sentí protegida con su compañía cuando debió ser al revés. Viajé en el tiempo al recordar cuando salíamos los tres juntos: Christian, Sofía y yo.

Si mi poder de persuasión fuera tan bueno conmigo como fue con Christian, ¡tendría tantos proyectos completados! Para empezar, ya habría rebajado 20 libras. Tendría varias novelas publicadas. Mi práctica de mentoría tendría más clientes a quienes favorecer. Quizás hasta estaría iluminada como Buda, amaría incondicionalmente a todos los seres sintientes y tendría 600 conventos unisex establecidos para el beneficio de toda la humanidad.

(Es hora de cambiar mis pensamientos limitantes o derrotistas. Ahora que lo escribo imagino un espacio mental silencioso que puede ser la zona donde restablezca una conexión con mi yo auténtico, ese que desea florecer para transformarme.)

Durante su viaje a Puerto Rico Christian reconectó con su familia y vi al hombre amoroso y protector que vislumbré desde que lo vi por primera vez. Sé que él recargó sus baterías y se fue con el corazón repleto de nuestro amor y alegría. Valió el esfuerzo persuadirlo para que nos visitara. Comprendí que siempre vale el esfuerzo cambiar. Siempre vale el esfuerzo amar.

Todo es un desastre

¿Será verdad? Los temblores de estos días son ocurrencias naturales que provocan desastres en estructuras y por consiguiente pueden ocasionar daños a los humanos y animales que pululamos cerca de ellas. (No lo dije yo. Lo escuché por radio.)

La naturaleza no responde necesariamente a nosotros. Responde a su necesidad de acomodar las cosas para el mayor bien y a su gusto. A veces eso implica una transformación leve y otras hasta una extinción. ¡Claro, el martes pasado a las 4:25 de la mañana sentí que su necesidad no era de acomodo sino de extinción!

Los temblores se parecen a las crisis de todo tipo que sufrimos y nos cambian la vida. Unas veces el cambio es pequeño y no lo sufrimos tanto. Otras veces el cambio implica apagar lo viejo o lo que hace daño. Los cambios son oportunidades para enfrentar la vida de una manera diferente o para hacer algo que no hayamos hecho antes

Nuestros hermanos y hermanas del sur de Puerto Rico están sufriendo cambios drásticos en sus panoramas físico y mental. Muchos han perdido el uso de sus casas, otros han perdido el uso de las facilidades donde trabajan. (Pero estoy segura que todos lucharán con sus compañías de seguro para que respondan oportuna y rápidamente ante la emergencia…)

Mientras, la gente dentro de la parte menos afectada de Puerto Rico respondió al llamado de apoyo de una manera más efectiva que el propio gobierno. Los grupos de ayuda poco han pensado en su beneficio y bienestar, y se concentran en darle cátedra a los políticos y al mundo de lo que es unión y compasión.

No podemos pronosticar temblores ni trazar trayectorias certeras de algún huracán que se avecine. Sí podemos repensar la inevitabilidad del cambio. Reflexionemos sobre nuestra reacción ante la adversidad o cómo fluir ante lo inesperado. En estos días, eso incluye dormir a la intemperie para sentirnos más seguras y tranquilas.

El drama luciferino del juicio al perder un trabajo y otras dificultades

Mi hermana Teresa (María Teresa) y yo tuvimos una conversación de hora y media. Como tantas otras. Ella está pasando por un reto de vida: hace unas semanas la despidieron de su trabajo y está procesando la frustración y ansiedad que ello conlleva. Ese fin fue brusco y no querido, pero para mí fue bienvenido. Tere lleva años bregando con retos de salud ocasionados por el estrés del trabajo y esta es una oportunidad para recuperar la salud perdida. Pero esa es mi opinión, porque a mí me agobia el estrés por mi trabajo y no puedo dormir en las noches y quién soy yo para pensar que para Tere es mejor que la hayan despedido… Egoístamente juzgo que es lo mejor para ella desde mi perspectiva. Si me hubiese ocurrido a  mí estaría llorando por las esquinas de algún barrio olvidado por Dios y Lucifer.

Qué fácil me presto a opinar de la vida de otros sin tener la empatía de sufrir lo que sufren. Y no digo que me haga el drama luciferino de lo-malo-que-es-Dios-conmigo-y-los-demás. Me refiero a ponerme en los zapatos del otro, a identificarme un poco con el dolor ajeno, a detener los pensamientos y palabras de juicio que puedan desprenderse de mi mente o mis labios.

¿Dónde ubicarme en estos escenarios cotidianos de crisis y calma donde es a otras personas a quienes les suceden situaciones que yo no deseo experimentar? ¡Me ubico en el lado del miedo! Y todo por no aceptar que las situaciones pasan, que las crisis pueden venir e irse, que viajo entre dramas propios y ajenos, y que NO me he muerto a causa de ninguna de ellas.

Recordé que me pasó lo que está viviendo Tere hoy; que he llorado por alguna película triste; que me ha carcomido la inercia. Y todo lo que he vivido me ha mostrado que nuestras cicatrices son similares; y que puedo sentir empatía por otras personas y tener compasión conmigo.

Durante nuestra conversación, repasamos el conocimiento que hemos adquirido de nuestras incontables batallas y recordamos que tenemos que ponerlo en práctica. Entonces le di una asignación a Tere para hacerla en estos días. Dividí su tarea en 9 pasos para que tenga estructura y claridad. Ella me dio una asignación también, pero como yo no tengo ni estructura ni claridad, he estado serpenteando con la tarea. (Ya Tere me sugirió que me puede delinear 9 pasos que me hagan trabajar…)

Pero de eso se trata la empatía: de estar ahí para alguien, de aprender mutuamente, de comunicar anhelos y temores, de soltar el juicio. Y, al final, de amar y amarme.

Es posible volar aunque no tengas alas

Anoche presenté uno de los peores discursos que he dado en Momentum Toastmasters. ¡Ba! ¡En cualquier club Toastmasters! El proyecto consistía de hablar sobre mi estilo de liderazgo y utilizar historias que lo ilustraran. Hace semanas, cuando lo leí, me vino la idea rápidamente a la cabeza y de ahí la desarrollé. Pero la ejecución no fue ni organizada ni clara; y como me estaba evaluando al mismo tiempo que hablaba, tenía unas pausas extrañas ¡horripilantes! Me esforcé por aparentar que no me estaba evaluando y fue peor. Cualquiera pensaría que con el triunfo de la nueva Miss Universe 2020, hablar de liderazgo sería pan comido para mí. Pero fue una comía de otra cosa…

Cuando llegué a casa, medité sobre mi desempeño y comprendí que había hecho par de cosas bien. No todo fue terror y sufrimiento. Primero, decidí dar el discurso y no cancelé (aunque por un momento lo pensé). Segundo, aunque sabía que mi discurso iba cuesta abajo, continué haciendo lo mejor que pude a medida que caía (casi, casi como caer con estilo). Tercero, descubrí que es mejor tener la idea central y la conclusión claras, porque el hilo conductor entre el principio y el final no se tuerce. Cuarto, sentí el temor de perder lo aprendido durante todos estos años y eso me llevó hasta aquí para plasmar en este papel digital mis elucubraciones cuasi seniles (quizás estas palabras me sirvan para retardar el desaprendizaje… si lo escribo, lo recuerdo…) Quinto, no es suficiente una práctica liviana. Hay que practicar con la intención de hacer el mejor trabajo y ser la claridad personificada. La práctica intencional es para que ese mensaje cale lo más hondo que pueda calar, que llegue lo más lejos que pueda llegar, para que beneficie a quien tenga que beneficiar.

Le conté toda esta historia a Sofía, que tanto retrasa las conclusiones de sus trabajos. Le hablé de las virtudes de hacer nuestras pasiones, pero también de aceptar realizar lo que no nos guste o lo que consideramos difícil. Si hiciéramos lo que deseamos todo el tiempo, no tendríamos la fuerza para abrir nuestras alas figurativas y volar. Aceptar que el mundo es calma y crisis y que es posible brincar de una a otra en ecuanimidad, es más efectivo que postergar para mañana o para el año que viene o para cuando me vaya a morir o para lo próximo que se me ocurra.

Y al final vislumbré que, así como las palabras que le dije a Sofi son para mí, el discurso, mi desempeño y su mensaje, también. Luego de tener un mal discurso es posible continuar con una vida normal, es posible ver lo que puedo mejorar, es posible sobrevivir la vergüenza. Siempre habrá una lección y algún día mis alas se fortalecerán y volaré. Aunque sea figurativamente.