Consentir a mis demonios

Hace unas semanas un amigo muy querido me confesó que odiaba a su papá. Lo escuché y era mucho su dolor al hablar. Hablaba de su padre con adjetivos irrepetibles. Pregunté por qué lo odiaba, pero era como si no pudiera expresar claramente sus razones para odiarlo. Quizás el maltrato fue tanto que no podía describirlo. No pude intervenir mucho en la conversación. Era más bien un desahogo. Pero me hizo reflexionar sobre mí. Me di cuenta que esa no es la reacción que deseo tener hacia mis padres. Y al final, en cuanto a nadie, ni siquiera hacia mí.

En el libro Feeding your Demons, de Tsultrim Allione, la autora habla de la necesidad de alimentar nuestros demonios, cuán importante es encargarnos de ellos. Eso lo hacemos al mirar nuestros odios y adicciones, reconocer dónde los alojamos o los evadimos. Guardarlos solo nos deposita energías negativas en el cuerpo y en la mente que luego se convierten en enfermedades. Evadirlos no funciona ni a la corta ni a la larga. Es lo mismo que prolongar una conversación difícil: el estrés de posponerla es más extenso que la conversación misma.

A mi hija, en una de sus clases de arte, alguna vez le pidieron que dibujara los sentimientos que padecía. Esos dibujos fueron creativos, espeluznantes y liberadores. Le dio cuerpo a lo que la agobiaba. Según el libro, primero le das una forma a ese demonio. Luego le preguntas qué desea. Al final te conviertes en lo que quiere y se lo ofreces. Al alimentarlo se satisface y se convierte en tu aliado. O aliada, porque puede ser demonia – hay que ser inclusiva.

Esto ocurre en todas las etapas de mis vidas, como hija, como mujer, como profesional. Lo que oculto o lo que evado, se agranda y luego es más difícil manejarlo. Y no es suficiente comunicarlo si luego no me encargo, si no reconozco que es mío y que los estímulos externos no son los culpables. Son solo los reflejos de lo que llevo internamente y que no puedo ver con mis propios ojos. Gracias a que mi amigo ventiló pude reconocer algo de lo que llevo dentro y espero manejarlo para que esos demonios no me coman sin mi consentimiento.