El proceso es ahora

De niña siempre fui desesperada, lo quería todo ahora.  Quizás todos los niños y niñas son así, pero no puedo hablar por ellos.

Ese impulso lo traigo de fábrica. Es uno de mis recuerdos más claros de mis pensamientos de niña y lo he conservado muy bien durante todos estos años. La paradoja es que también me ha ayudado a apreciar el “proceso” que requiere todo en la vida.

Entiendo a quienes toman pastillas para adelgazar o se inyectan. ¡Qué más quisiera yo que una pastilla me resolviera varias cosas que me andan rondando! La realidad que me da en la cara es que la decisión de ahora es solo un paso, un pensamiento o una continuación de un proceso. No puedo usar una pastilla para los pensamientos que me martirizan haciéndome sentir culpable por todo lo que me falta.

Mi proceso es regresar a un centro mental para soltar el desespero. Agarrar esos pensamientos indiscretos y entrometidos – interrumpirlos, abrazarlos y soltarlos. ¡Qué lindo suena! En realidad son tan persistentes, esos pensamientos, que parecen difíciles de manejar. Especialmente porque quiero resolverlos y soltarlos ahora y no mañana.

Entonces escribo. Recuerdo que es un proceso y me acomodo en mi silla.  Suelto el desespero en el papel. La página se vuelve mi refugio. Confieso que no me gusta el proceso. Confieso que lo quiero todo ahora. El dinero y la salud; los poemas y la novela; soluciones legales y alegría. Paz mental. Perdura dos segundos esa sensación de bienestar. Pero hace un tiempo no llegaba ni a un segundo.

Tranquila y calmada me río.

Este es el proceso.

Altas y bajas.

Reconocimiento, asentamiento, aceptación.

Quizás puedo soltar. ¿Quiero?

Difícil.

“Ahora”, es un paso.

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