Decidir apoya a tener una vida plena

Tomar decisiones es una de las cualidades que compartimos con los animales. Quizás lo que nos distingue es que nosotros nos tardamos en decidir, mientras que los animales toman decisiones en menos tiempo. Si se tardan mucho, se los come otro.

Dejar las cosas para última hora, es parte de esa toma de decisiones postergadas. Dicen los gurús de mercadeo que la mayoría de las ventas de un producto digital ocurre en los últimos dos días justo antes de que acabe una oferta. En mi caso, a última hora, decidí escribir todos los días. Llevaba años escribiendo de a poco. Un día sí, varios no. Un día sí, varias semanas no. Un día sí, varios meses no. Deseaba escribir más días que menos y en mi mente pretendía hacerlo tooooodo el tiempo. Una decisión no decisión, porque solo estaba colocada en un mundo irreal. Me provocaba estrés pensar una cosa y practicar otra.

Una vez me senté y acepté mi propio reto de poner palabras en pantalla diariamente, sentí el alivio de una decisión tomada. Es estar balanceada entre la incertidumbre y la certeza: mientras lo pienso, dudo; mientras escribo, confío. Realmente dudo todo el tiempo, pero mientras más escribo encuentro más alegría, compromiso y liberación. Me siento más en mí gracias a modificar una decisión procrastinada.

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