Todos sufrimos. Sin excepciones.

De niña solía ser cobarde. El primer día de kínder mis padres me llevaron a la escuela y me dejaron en el salón. Yo iba muy contenta, confiada de que el lugar era seguro. Al otro día, cuando llegué por mi cuenta desde la guagua escolar, la escuela me pareció irreconocible. Me acobardé y no encontré mi salón. Pasé por tres salones distintos (con múltiples niveles de angustia, lloradera y ansiedad) hasta encontrar el mío. Solo tenía 4 años y ese fue uno de los días de mayor sufrimiento para mí. ¡Todavía lo recuerdo!

El sufrimiento es universal, pues todos sufrimos. A veces pienso que yo me lo sufro distinto, porque me afecta más y nadie sufre como yo. Y la voz sabia dentro de mí me recalca que no soy ni especial ni única en eso, pues todos los habitantes del planeta sufren por equis o por ye.

El reconocer que el sufrimiento es compartido me alivia. Las actitudes que me molestan de otras personas provienen del sufrimiento (que antes pensaba que me ocurría solo a mí particularísimamente). Cuando logro verlo, dejo de tomarme las cosas personalmente, pues cada cual reacciona a su sufrimiento y desde su sufrimiento y no a mí.

¿Cuál es el sufrimiento que entiendes que es personal y único para ti? ¿De veras piensas que eres la única persona que lo ha sentido antes? ¿Cómo te beneficia pensar que tu sufrimiento es único y especial?

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