Ambientes tóxicos, ¿sostenibles?

En alguna oficina del gobierno, cuyo nombre no deseo recordar, tuve un hostigador. Al inicio se mostró como un compañero de trabajo amigable. Como sabía que me gustaban las donas, me avisaba siempre que le traía a su grupo. Me ayudaba con mis empleados y yo a él. Teníamos apoyo mutuo en las tareas y todo corría. Solo le ofrecí mi amistad, pero él malinterpretó mi ofrecimiento y me hizo la vida de cuadritos cuando lo entendió.

¿Cuántas veces sostenemos ambientes de trabajo tóxicos por no perder nuestros ingresos? Yo pensaba que podía soportar la situación, porque no me tenía que tomar personal lo que él hiciera o pensara. Pero él actuaba como hombre despechado y perturbaba mi trabajo y mi área. Aunque yo no me lo tomara personal, tuve que querellarme porque afectaba el trabajo de mi área.

Me fortalecí en ese momento de crisis y sobreviví. Me pregunto si hoy sostendría una situación similar. Pienso que sí, por algún tiempo.

Algo positivo de la pandemia es que dio fortaleza a muchas personas para no aguantar más ambientes tóxicos; ha provocado cambios en la manera en que las corporaciones manejan sus conflictos. Eso de regresar a la normalidad no creo que se dé.

Lo que me resta es continuar conmigo, con  mi transformación y aceptar los cambios que continúan avecinándose. Eso sí lo puedo controlar.

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