Las arrugas son parte de vivir

¿Es la edad un punto de conversación frágil? Sé que envejeceré, enfermaré y moriré en algún momento. Al no saber cuándo, sólo queda la edad por considerar, con sus arrugas y resequedades. Ya está aquí con esas acompañantes. Saberlo no lo hace más aceptable. Saber que a todos le ocurre es esperanzador.

Morir como James Dean o Marilyn Monroe, sin demostrar la vejez extrema, fue una bendición para ellos que vivían de sus cuerpos – qué pena que murieron y no le sacaron más provecho… Hoy día la media de vida es entre 85 a 95 años, depende si eres mujer u hombre. Mi abuelo materno murió a los 92, mi abuela materna tiene 96. Se espera que yo ronde esas edades. Pero no estaré con el cutis tan liso como el de mi abuela, ¡porque ya tengo más arrugas que ella! y ya me veo más vieja de lo que jamás se vieron James o Marilyn.

Mi vida pasada tuvo muchas arrugas internas, aunque por fuera me veía de maravilla. Hoy ya no soy esa mujer: por dentro me paso planchando arrugas y por fuera las exhibo. Conversar sobre la edad y sus arrugas me resulta difícil, pero es como todo lo que he vivido, un proceso que me llena de curiosidad y que puedo dilatar (un poco) si lo observo. No tengo que llegar al final todavía, solo vivir.

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