La espera no desespera, enseña

¿Alguna vez has tenido que esperar? ¿En la oficina de un médico o en el supermercado o en el día de tu boda? La espera es parte de mi vida diaria y muchas veces la contradigo, porque deseo que las cosas sucedan aquí y ahora. Y sí, las cosas están sucediendo, pero quizás no de la manera que las quiero.

Hace unas semanas tuve un reto de salud y el camino a la recuperación ha sido lento y a su tiempo. Luego de semanas de terapias y ejercicios ya casi tengo mi sonrisa completa. ¡Ya se me ven las arrugas del ojo izquierdo! Todavía tengo un sonido de taladro en el oído que se alterna con el de una bocina de camión, pero la recuperación ha sido franca gracias a todas las oraciones de mis familiares y amistades.

La paciencia que he descubierto ha sido sorpresiva. El dolor ha estado presente todo el tiempo. Me he visto obligada a descansar, a la mala. Me he sentido frustrada, preocupada, impaciente. Sin embargo, haber escrito sobre la experiencia me ha permitido ventilar de una manera sosegada y sanadora. Me ha invitado a observar mi realidad desde otra perspectiva. ¿Y si no tengo tanto tiempo como imaginaba? ¿Y si se acaba todo hoy? Esto parecería contrario a la paciencia, pero a mi entender van de la mano.

La vida se construye momento a momento, con experiencias de todos los colores. Aprender de ellas requiere el valor de aceptar lo que vivo a cada instante. Para eso hay que tener las ganas de vivir y la paciencia de esperar a que se vuelva realidad la comprensión. Para mí, vivir en el presente es la mezcla perfecta de acción y paciencia.

Saborear el descanso, apreciar las personas que están en mi vida, agradecer la ausencia de otras; hasta aprender a convivir con dolor – que es un gran maestro, porque no he podido evadirlo-. Todo, absolutamente todo, es parte de esta experiencia humana. Lograr el balance entre retos, paciencia y acción es delirante. Va y viene. Unos días me siento en armonía; otros, fracasada. Pero siempre viva.

¿Cuántas veces olvidamos nuestro aprendizaje? ¿Cuántas veces no practicamos lo que sabemos? Hoy la paciencia es mi aliada, porque he tenido que cultivarla. Cuando algo nace dentro de mí y crece conmigo lo siento inmediato. Agradezco sus lecciones. Y la paciencia que nació en mí poco antes de mi cumpleaños es mi compañera imperturbable; ha soportado mi desasosiego, mi hastío, mi intranquilidad. Hoy deseo que permanezca, que me revele, que me arrope. En su abrazo me siento resguardada y preparada para nuevos retos. Hoy la paciencia se hace viva en mi presente para aprender y actuar. Para practicar lo que sé.

One thought on “La espera no desespera, enseña

  1. Esta oración se ha convertido en uno de mis mantras:
    Nada te turbe,
    Nada te espante,
    Todo se pasa,
    Dios no se muda
    La paciencia todo lo alcanza,
    quien a Dios tiene
    Nada le falta, solo Dios basta.

    Santa Teresa de Avila

    Gracias Mari por compartir tu experiencia, me haz hecho recordar que yo también puedo cultivar ser paciente en mi dolor.

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