La paciencia se cultiva, no se agarra

Otra mañana en la que la cara no responde. Aunque siento menos dolor en el cachete, el resto de la cabeza lo siento como un globo de aire caliente, que aunque me pesa, se va elevando sin mi control. Las medicinas para desinflamar no me quitan el dolor totalmente, aunque sea por un rato, solo lo disipan. El zumbido que siempre tengo en los oídos se ha agudizado. No sé si por la parálisis o los medicamentos.

Ya hoy me toca la terapia nuevamente. Y tengo una relación amor-odio con ella porque salgo de allí con mucho dolor. Hoy no quiero hacer las muecas, porque sé que me va a doler más la terapia.

El dolor para mí es un proceso difícil. Ojalá sea de depuración. Me mantiene con el humor errático. Sí me paso haciendo chistes de mi condición, pero mi límite para aguantar mierda es menor. Estoy mecha corta y me enojo por lo más tonto. Pero como dijo mi amigo Hansell, la energía del dolor puede hacer eso y más en una persona.

El proceso me ha mantenido más presente. Me ha obligado a mirar lo efímero de la vida y es como un llamado a no perder tiempo. Sé que tengo que descansar, porque el cuerpo me lo pide a gritos, pero es descansar con propósito: para procurar mi salud física y sanidad mental, para poder aprovechar el tiempo en realizar deseos que había dejado atrás y para mirar pa’ dentro.

Hacer introspección en este momento tiene una validez diferente, es darme cuenta del valor del tiempo, para qué puedo utilizarlo aunque no exista. Es comprender que hay un mundo interno que domina el externo. Es entender genuinamente que el taller está en la mente y que solo puedo controlarla a ella. Eso de influenciar, manipular, promover o persuadir pasa a un segundo plano, porque es mi mente con la que tengo que trabajar. Es buscar el cambio de percepción tan hartamente discutido en Un curso de milagros (https://acimi.com/es/un-curso-de-milagros). Es ver más allá de lo obvio, porque lo esencial es invisible para los ojos, como dice el Principito. Es comprender que debemos ir más allá del amor como emoción y vivirlo como experiencia y darlo como ejemplo, desinteresamente y porque sí. Como emoción va y viene, como experiencia es vida.

En este momento a la Divinidad le agradezco las experiencias vividas, solo espero poder estar a la altura de todas las enseñanzas y aprovecharlas al máximo cada día. Y ella me responde: paciencia Marinés, paciencia; que la paciencia se cultiva, no se agarra.

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