Cuando el gas pela

Hoy fui al fisiatra y confirmó el diagnóstico de ayer: parálisis facial. Me dieron terapia y salí con más dolor del que tenía. Pero la recuperación tomará su tiempo. Es el momento para practicar paciencia, que me parece que es uno de los caminos a la iluminación. Al menos así lo siento por el trabajo que da.

Me explicó el doctor que por lo regular una parálisis facial es ocasionada por un virus, parecido a la varicela, que se aloja en el nervio e interrumpe su funcionamiento. Y como la varicela, aun cuando me recupere de la parálisis, el virus permanecerá conmigo.  Así que mejor me hago amiga de él, le doy cariño y espero que me suelte. Vuelvo a la paciencia. (¿No les suena eso como a algunas relaciones que vivimos? Hay parejas que aunque nos dejen siempre se quedan con nosotros en el recuerdo y quizás no de la mejor manera…)

La terapia es dolorosa, pone el músculo a funcionar ya que el nervio no puede. Quizás por el dolor que siento, me parece que estoy peor hoy que ayer. El dolor va a quedarse unos días, me dijo el médico. Y las medicinas que estoy tomando no me lo quitan, ni siquiera lo interrumpen.

Pero hay algo sorprendente en el proceso. Es como estar híperpresente, observando todo lo que hago y actuando con cautela. Tomo el agua de a poco y con cuidado para que no se me derrame. Siento el dolor en vez de evadirlo. Me mantengo en el cuerpo en vez de estar inventando historias en mi cabeza. Claro, ayer pensé que podía estar sufriendo un derrame por los síntomas que experimenté. Pero una vez obtuve el diagnóstico correcto hubo la aceptación y tranquilidad de conocer lo que estaba pasando.

Aquí es que se separan las niñas de las mujeres. Aquí es cuando practico lo que predico y utilizo todo el conocimiento adquirido para ponerlo en práctica. Aquí es cuando me permito sentir tristeza y desasosiego por lo desconocido del proceso. Aquí es cuando tomo la paciencia por las manos y le ruego que me bañe con su definición. Es aquí y ahora cuando reconozco lo que experimento momento a momento.

Este proceso es como una bendición escondida. Su propósito me será revelado. Quizás me ocurrió para evitar sufrir algo peor, pero si continuo pensando eso me mantendré en la historia mental y no en la experiencia. Fascinante para mí poder reconocerlo. Es como si yo me estuviera invitando a mi propia fiesta de vida. Eso es vivir, reconocer a cada momento lo que tengo frente a mí, ver que todo ocurre para mi beneficio y transformación aunque no pueda entenderlo completamente en el momento.

¡Ah! ¡Pero me falta agradecer! Gracias por la familia que se preocupa, por los amigos que se ocupan, por los que apoyan y gracias por todas sus palabras de aliento. También agradezco los retos, las personas conflictivas y el amor que siento, a veces, por ellas. Todo, lo agradezco todo.

Este es un período emocional y de tristeza, pero también siento la alegría de vivir el momento para ver si de verdad el gas pela.

One thought on “Cuando el gas pela

  1. Mucha suerte. Ahora sí que el examen se puso bueno. Pero sé que lo pasarás con colores brillantes. Lo más difícil será la disciplina de hacer la terapia recomendada. Así que mantén la calma y respira.
    Sigue escribiendo porque de tus experiencias aprendemos todas.

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